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Me acabo de divorciar, y ahora ¿qué hago con mi vida?

Hay veces que la vida tal y como la conocemos se acaba, y no hemos visto ninguna señal que nos alertara que llegó el final de una etapa.

En verano del 2020 se puso en contacto conmigo Raquel.

Había pasado gran parte de su vida con el que ahora era su exmarido. Pasó de ser su primer novio a ser su marido, su mejor amigo, confidente, buen padre y por todo esto le estaba siendo muy difícil verlo como “ex”.

De su matrimonio tenían tres hijos maravillosos, con carrera, con trabajo, casa… uno de ellos a punto de ser padre, qué más podía pedir, era todo perfecto. Cuando vino a mi consulta tenía 58 años. Hasta hacía unos meses sabía perfectamente cuál era su lugar en la vida. En su casa, con un marido que se había vuelto aburrido pero que aceptaba, con sus hijos pasando por casa para comer de vez en cuando, atenta anfitriona y cocinera en los aniversarios y fiestas de Navidad y con mucha ilusión por la llegada de su primer nieto.

Podía recordar momentos difíciles, pero siempre los compensaba con los buenos recuerdos. No había sido siempre fácil ni la convivencia ni las situaciones laborales, pero a ella le había ayudado saber que eran dos, un equipo, y que si estaban juntos volverían a vivir buenos momentos, le confortaba saber que no estaba sola.

Podía haber seguido 38 años más con él, era la persona a quien había entregado casi toda su vida, ya no había pasión, pero sí estabilidad, seguridad… una familia.

Y entonces un día él le pide para hablar.

¡Uy! sonaba muy serio pensó.

Se sentaron en la cocina y él le dice que se quiere divorciar, que ya no es feliz, que no es culpa de ella, que es por él, que necesita volver a sentirse vivo, con ilusión.

Le hace saber que ha encontrado un piso donde ir a vivir y que se va de casa en cuanto arreglen todos los papeles.

Al principio no podía creérselo, debía ser una broma, aunque él nunca había sido de bromear.

Cuando, al fin reacciona, no puede entenderlo, ella tampoco es feliz, pero no ve que este sea un motivo para dejar atrás todo un proyecto de vida. Su mundo se derrumba y de pronto se siente perdida y sin saber quién es. Lo que la impulsa a buscar respuestas, necesita ayuda y llega a mí.

Después de realizar su Lectura del Rostro pudo volver a conectar con quien era y ver hacia donde enfocar su nueva vida, sin su marido. Ahora empezaba una nueva etapa, tenía que salir a un mundo que desconocía y que necesitaba entender para poder encontrar su lugar en él. En la sesión había comprendido mejor a su marido y que ella también se merecía volver a ser feliz.

Su labor era conectar con quien era, era más fácil decirlo que hacerlo, pero ahora tenía información de ella válida y útil para empezar este nuevo camino. Seguía teniendo dudas, como no, después de una vida dedicada a sus seres queridos lo que más le costaba era preguntarse qué quería ella, cómo quería que fuera su vida a partir de ahora, como retomar sueños, hobbies, aficiones que le ayudarían a encontrar dentro de ella lo que la motivaba a ser quien era.

Por primera vez en muchos años podía pensar en lo que ella quería y aunque todavía le asustaba, entendió después de nuestra sesión que para ser coherente con su verdadero ser era importante auto-descubrirse para saber hacia dónde ir y poder experimentarse tal y como era.

En su caso, quiso continuar conmigo e hicimos varias sesiones de terapia, donde le di herramientas para conocerse en profundidad y empezar a caminar sola en su nueva etapa.

Le ayudó mucho entender todo lo que ocurrió a lo largo de su matrimonio, en él se había olvidado de quién era ella para dedicarse a su familia.

Así empezó un trabajo de observación y conectó con la fuerza de voluntad que la había ayudado tantas veces a sacar adelante a su familia, pero ahora esa fuerza era para ella, para avanzar y dejar atrás su vida con su marido, sin rencor, desde la comprensión.

Por primera vez, se sentía libre, descubrió que había estado viviendo en una jaula dorada sin saberlo, estaba llena de ilusión.

¡Gracias Raquel por dejarme acompañarte en tu despertar!

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Un abrazo,